El Tres de Mayo: Goya y la angustia ante la muerte
No falla, cada vez que lo veo y me paro delante de él me deja sin palabras. Es emoción pura, de la buena de la que te deja casi sin respiración, vamos, arte en estado puro.
Transmite el horror de la muerte, ante una muerte que casi se la puede tocar de lo inminente que es. El personaje anónimo principal, de rodillas, con los brazos en alto, con rostro escéptico, ante la incomprensión de lo que ocurre, suplica por un perdón que sabe que no llegará.
Se siente casi un nudo en el estómago al observarlo.
Este cuadro es sin duda una obra maestra, pero no porque sea de Goya, ni porque este sea un precursor de impresionismo o del expresionismo, sino porque derrocha humanidad de la buena, de la auténtica. ¿Quién no se siente abrumado por los horrores de la guerra? No hay más que mirar a los personajes que rodean al principal, se tapan la cara, suplican…no, no veo la grandeza que otros creen ver en los personajes; son como la mayoría de las victimas de guerra, pobres desgraciados que como mucho pasaban por allí, en aquel Madrid que se reveló contra el opresor francés. Pero, ¿importa acaso el motivo por el que te matan cuando ya no hay remedio?
El sinsentido de la guerra
Esta obra refleja la guerra brutal y sin sentido, en este caso de los soldados de Napoleón, pero podría ser cualquier otra de las cientos que vinieron después de aquel mayo de 1808.
Muchos quieren ver en este cuadro el patriotismo, la crueldad de los soldados de Napoleón, pero Goya iba más allá. No es un pelotón de fusilamiento al uso, no se ven los rostros de los soldados porque no importan. Tampoco son soldados a los que se fusilan, son gente anónima, la que casi siempre acaba pagando los platos rotos de todas las guerras, los que pagan las consecuencias de todos los pactos de los responsables que se quedan en los despachos.
Y para expresar todo esto, Goya se vale solo de la luz de un farol que se refleja sobre la camisa blanca del personaje central. Los demás, tonos ocres, marrones, pardos, incluso la sangre derramada es roja parduzca. Los personajes aparecen desdibujadas gracias a su pincelada inacabada pero intencionada porque a poco que te alejes verás como los personajes adquieren gracias a ella toda la intensidad dramática que quiere transmitir. Las sombras apenas esbozadas emiten el miedo flotando como niebla entre los personajes. No hay adornos ni heroicidades, se trasciende el momento histórico y se habla de todas las guerras, de los horrores que se repiten sin cesar.
Goya: el último de los clásicos y el primero de los románticos

Siempre que se llega a las salas de Goya es imposible no ver en su pintura al “último de los clásicos y al primero de los románticos” como se dice de su contemporáneo Beethoven. Y es que la historia de la pintura no volvería a ser la misma después. Su estilo evolucionará desde el neoclasicismo que la vio nacer hacia el romanticismo, movimiento que está también presente en otras artes como la pintura y la literatura. Así mismo influyó en movimientos pictóricos posteriores como el impresionismo, el expresionismo llegando incluso hasta el surrealismo muchos años después.
La vida de Goya como la de cualquier ser humano estuvo marcada por la tragedia, en este caso, la de perder un sentido tan importante como el oído (hasta eso tuvo en común con Beethoven). Pero su obra quedará siempre en nuestra memoria porque como los grandes artistas fue capaz de reflejar como nadie el espíritu de su época; la más convulsa de la Europa de cambio de siglo del XVIII al XIX.
Por amor al arte
Esta es una de las inmersiones que hacemos en Con L de Cultura, nos parece fundamental conocer más detenidamente a los tres genios (de los muchos que hay en el Prado)que marcaron un antes y un después en la Historia del Arte.
Este museo alberga dos, y ya hemos hablado de Velázquez y sus Meninas, y nos queda otro ya perteneciente al siglo XX, Picasso; cita en el Reina Sofía.



